Haiku: Olas

Rompen las olas
al borde del estío
cual perfecta aria.
                        javihida

Hay pocas cosas comparables al sonido de las olas rompiendo al final del verano, con fuerza e ímpetu, apurando la fuerza de los últimos rayos de sol. Se podría gastar la vida escuchando esa canción, ese rumor, esa entonación profunda. Recorrer la costa descubriendo sus notas, todas distintas según donde rompan: arena, acantilados, tus piernas…

Huellas en la arena

Hay algo especial en las huellas impresas en la arena de las playas. Restos de un paso, fantasma etéreo condenado a desaparecer por el paso de alguna indolente ola y su efervescencia blanquiazul.

Huellas grandes, huellas pequeñas, pasos rápidos, pasos lentos, zancadas largas, pasos cortos, carreras truncadas, paseos interminables, concatenaciones de huellas, huellas solitarias. Todas con una historia insondable que intento averiguar, fracasando una y otra vez, pisando encima de las huellas, impregnándome de su forma, de su pisada. ¿Cuántos misterios aguardan bajo el caminar de un hombre?

Aquí siempre recuerdo un conocido poema y ese verso que dice: Caminante son tus huellas el camino y nada más. Para mi, querido caminante, tus pasos son algo más: caminante eres tus huellas y nada más. Eres magia, eres el paso volátil cargado de vida, eres la huella sutil que me enseña el camino hacia mi mismo. 

Y sucede, en raras ocasiones, que aparece una huella en el medio de una playa solitaria, a la que el inmenso verdugo de huellas le retrasó la pena hasta la siguiente pleamar, una huella pequeña, de mujer, perfectamente imperfecta como son todas las cosas bellas. ¿De quién será? Me enamoro de un fantasma, de una huella, a la que mi imaginación le pone unas piernas largas tostadas que acaban en esos pies preciosos. ¿Cuál sería su camino para seguirlo? Aunque quizás sea mejor así, si te quedas como huella perfecta en la nada, a la que no pueda seguir el camino, y que me regale tan solo esta visión de una pisada en la que reside todo un universo de misterio y esperanza.

Os dejo este Caminante no hay camino de Serrat, del bello poema de A. Machado.

Sueño

Ayer soñé. Sueño todos los días, pero ayer lo hice despierto otra vez. Como tantas y tantas veces, sueño tanto despierto como dormido.

Me siento en el silencio y lo perturban gritándome que haga algo. ¿Acaso hay un cometido mayor que el de soñar? Soñar es construir un mundo esntero cual Dios en el mismo momento que cierras los ojos; viajas más rápido que cualquier máquina  inventada por el hombre a lugares idílicos, algunos todavía sin inventar; vivir tantas vidas como mil gatos juntos; crear momentos tan cargados de recuerdos como de esperanzas; tener lo que la realidad te quita y revivir lo que te dio; crear universos en los que la palabra utopía haya sido ascendida en el diccionario a sinónimo de realidad; cambiar todo lo que odio en un instante, perpetuar todo lo que amo por la eternidad; inmortalizar la primavera de un mayo florido; tenerte otra vez entre mis brazos, desnuda, oyéndote suspirar al oído, mirándote esos ojos de avellana oscura…

Sin embargo, no está todo. Me falta la brisa de la Libertad y me faltan tus tiernas caricias y tu dulce olor a manzana madura y la piel no se me eriza con tu mordisco en la oreja y no sabe a nada esa piel que tenía gusto de miel… Esta debe ser la perversa trampa que algún iracundo Dios fabricó para obligarnos a abrir los ojos, huir de la perfección, y que paremos de soñar para buscar ese sabor a miel y olor a manzana, en las más tempranas mañanas cuando el sol se resiste a irrumpir en la noche y mi mente te busca a ti.

¿A dónde vas?

¿A dónde vas espíritu sin esperanza?
Escapas alto hacia borrascosas nubes
de tajantes dagas que te desangran
y persisten, todavía, a mis reveses inmunes.
Solo abulias hallo por esas latitudes;
soledades, sollozos, sangre, decrepitudes.
¿A dónde vas espíritu sin esperanza?

¿A dónde vas maltrecho corazón?
Tras ser mil veces traicionado,
destrozado otra vez por la decepción
de ser ya no más amado,
sigues, estúpido estandarte de la ilusión,
altivo como el gladiador recién liberado.
¿A dónde vas ridículo corazón?

Sigues caminando rumbo a la nada,
deshaciendo el camino al andar
por la triste travesía abandonada
que no desemboca en el olvidar;
rompe el alba de madrugada
y por un segundo te dejo de anhelar.
Tan solo instantes escapan de mi alma helada
anclada en el frío puerto del pesar.
¿A dónde vas, corazón, por la senda desdichada?