De adivinas y felicidad

Cuenta la leyenda que la bella Casandra adquirió el don de prever el futuro pactando con el joven Dios de la profecía, la luz, la verdad y demasiadas cosas más, Apolo, a cambio de mantener relaciones carnales con él. Esta, faltando a su promesa, se niega a darle tales relaciones y el joven Dios iracundo y vengativo, como todos los dioses, la castigó haciendo que todas sus acertadas profecías no fueran creídas por nadie. Como Fausto haría cientos de años después, se arrepentiría de hacer pactos con cualquier diablo o con cualquier Dios (a veces son tan parecidos…).

A veces pienso que Casandra es todas las mujeres del mundo, todas las que conocí, y todas las que me quedan por conocer. Son las grandes diosas de las profecías del amor y del placer. Y sus Apolos, orgullosos y miopes, falsas divinidades de la verdad y del futuro creen ser ellos los poseedores de dones proféticos y de pensamientos racionales. Al final, merecidamente, reciben el castigo merecido, son engañados y traicionados por la bella mortal y ellos no pudieron ni siquiera otearlo desde las altas cumbres del Olimpo.

Tengo la extraña sensación de que cuando estoy con una mujer estoy a la deriva del destino, de un sino controlado por ellas desde las profundidades de un ardiente y fogoso infierno. ¿O quizá eso ardiente y fogoso es el Edén, el jardín de las delicias? Sí, me encanta estar a su curioso vaivén, movido por los hilos de sus dulzuras. Pero tampoco puedo evitarlo; ellas ven más que yo, ven el futuro, miran directamente a los ojos al porvenir. A veces ese venidero presente es meloso y ardiente como se le prometió a Apolo, otras veces es tan duro y frío como la traición a un Dios.

Y sin embargo, en este mundo de pequeñas Casandras y falsos Apolos sigue acechando desde lo oscuro un poderoso Dionisos con su placer, con su voluntad, con sus impulsos impredecibles, con su presente de ruido y furia, de pasión no vaticinada.

En algún lugar nos siguen tentando las fauces de la felicidad enfrentada a la lógica predecible.

Al joven revolucionario

Ayer, o yo qué se cuando, cumplía ochenta y tantos años un hombre cubano que mantiene todavía, con casi un siglo vivido, la chispa y la fuerza vital, los ideales y la tenacidad, la impaciencia y la sed, la lucha y el amor, de un joven recién enfrentado a la realidad, recién enamorado de un mundo que necesita cambios.

Hace ya más de medio siglo que con 82 hombres de los que te sobraban 70 conquistaste un poder que desde siempre os había sido arrebatado por despóticos dictadores y metrópolis de otra época, enseñando al mundo como un grupo de valientes podía hacer valer sus ideales por encima de la opresión de unos ruidosos vecinos del norte y de un sistema injusto que os explotaba. 

Tantos años después, tantas heridas en el corazón, tantas mentiras difundidas, tanto embargo económico, tanta gélida guerra, y ahí estás. Erguido, Comandante, como se yerguen los leones viejos: nobles, dignos, bellos, magnánimos, majestuosos, con la mirada joven y el pulso tranquilo, dueños de su pequeño territorio amenazado por leones más grandes, pero menos feroces. Ahí estás viejo león, aguantando durante más de 50 años embestidas y embestidas, amenazas y amenazas, mentiras y mentiras. Soportando el embargo, y sobre todo soportando la humillación a la que los medios de todo el mundo cada día te someten inundando páginas y páginas de falacias inventadas y comentarios sesgados. ¿Pero de que nos extrañamos Comandante, si los que te atacan en periódicos y medios están pagados por los que derrotaste allá por el 59? Los mismos que ahora nos hunden en la miseria de una crisis creada por ellos, en las guerras de un petroleo sin escrúpulos, los mismos que de nuestros hogares nos expulsan, los mismos que se cargan la educación y la sanidad por la que tanto sigues luchando. Sí, el Capital del que un judío alemán nos advirtió hace mucho, el capital y sus dueños. Esos que se llenan la boca con la palabra libertad, democracia y justicia; y son los que crean la injusticia, la pobreza, la dictadura del capital y la falsa libertad. ¡Los mismos que derrotaste mi Comandante!

Aquí, en esta Europa en posesión absoluta de la verdad, en esta España de tan augusta tradición democrática en la que ningún arbitrario castrense impuso su ley, ni ningún ciudadano gritó “Vivan las caenas” a ningún estúpido rey, te tachan de dictador, orgullosos de poder votar cada cuatro años a cualquier fantoche que siga atando sus “caenas”. A ti, querido Fidel, socialista soberano por aclamación popular que devolviste la soberanía a la más hermosa isla del Caribe, que arrancaste casi solo las pesadas cadenas de todo un imperio como EEUU, a ti que devolviste la fe a la humanidad, a ti que enseñaste a leer y a escribir a un pueblo analfabeto, a ti que diste de comer a los pobres, a ti que educaste a los mejores médicos y con ellos curaste a todos por el único hecho de existir, a ti que a tu pueblo privaste de lujos y los proveíste de cosas necesarias, de felicidad, a ti que buscas la paz y la justicia, la igualdad y la libertad. ¿A ti te llaman antidemócrata? Más allá de fallos, de cambios necesarios, de obstáculos puestos en el camino, de necesidad de actualización, creo que no hace falta preguntar quién es el demócrata y quienes los dictadores.

Sigue fumando joven Comandante, sigue caminando erguido por el camino de la gloria, de la verdad, de la justicia. La Historia te absolverá joven guerrero que te acercas al siglo con la ilusión de un niño. Felicidades.

‘Confusion’

Hay días que me encierro en la más profunda angustia existencial, sin saber que soy, que somos, pero sobre todo sin saber a dónde voy. La extraña canción de King Crimson canta en un verso: ‘Confusion will be my epitaph’ (Confusión, ese será mi epitafio), una preciosa canción para hundirme todavía más en mi abismo, porque si algo la define sería eso: abismal. Perfecta banda sonora para mi zozobra del alma. Quizás cuando me hunda por completo mi epitafio también rezará: Confusión.

Prefiero no plantearme nada pero Yo, muy dado a plantearme todo, acabo cayendo en el vicio de pensar, adentrándome en unas profundidades donde solo hay oscuridad. Acabo saliendo de ahí más ciego todavía y con tibias gotas en los ojos esperando a llorar por no encontrar respuestas. Es posible que mis preguntas sean muy difíciles o que no sepan mirar mis ojos.

A pesar de todo, un rayo de sol ilumina solitario mi camino incitándome a continuar, a no tirarme al abismo. Ese rayo siempre tiene razón, siempre hay una risa después, una existencia feliz, aunque yo nunca sea nada.

Les dejo Epitaph subtitulada y debajo los versos en inglés. Son un bonito poema. Las bellas canciones siempre son para mi poemas.

The wall on which the prophets wrote
Is cracking at the seams.
Upon the instruments of death
The sunlight brightly gleams.
When every man is torn apart
With nightmares and with dreams,
Will no one lay the laurel wreath
When silence drowns the screams.

Confusion will be my epitaph.
As I crawl a cracked and broken path
If we make it we can all sit back
And laugh.
But I fear tomorrow I’ll be crying,
Yes I fear tomorrow I’ll be crying.

Between the iron gates of fate,
The seeds of time were sown,
And watered by the deeds of those
Who know and who are known;
Knowledge is a deadly friend
When no one sets the rules.
The fate of all mankind I see
Is in the hands of fools.

Confusion will be my epitaph.
As I crawl a cracked and broken path
If we make it we can all sit back
And laugh.
But I fear tomorrow I’ll be crying,
Yes I fear tomorrow I’ll be crying.

De que hablo cuando hablo de vacaciones

Para mi las vacaciones no son un lugar, ni siquiera un tiempo, ni tampoco un clima. Las vacaciones, las verdaderas, las auténticas, son solamente un estado mental. Un lugar en el que el alma está en armonía con ella misma, en relajación absoluta, más allá de preocupaciones, amores y desamores, llantos y alegrías, esfuerzos y perezas.

Hay pocas condiciones, la más importante: la soledad. Una silla al sol, un libro abierto, la melodía desafinada de los pájaros fundiéndose con el rumor del oleaje contra la arena, nadie mas yo y mis pensamientos. Mis vacaciones son un paréntesis en blanco entre miles de letras escritas.

La otra condición indispensable es el tiempo; tiempo para hacer todas las cosas del mundo. Y sin embargo, no hacer nada. Ese es el mayor placer, poder hacerlo todo y no hacerlo. Como si venciera al destino, a la rutina. Las vacaciones son no hacer nada