Sueño

Ayer soñé. Sueño todos los días, pero ayer lo hice despierto otra vez. Como tantas y tantas veces, sueño tanto despierto como dormido.

Me siento en el silencio y lo perturban gritándome que haga algo. ¿Acaso hay un cometido mayor que el de soñar? Soñar es construir un mundo esntero cual Dios en el mismo momento que cierras los ojos; viajas más rápido que cualquier máquina  inventada por el hombre a lugares idílicos, algunos todavía sin inventar; vivir tantas vidas como mil gatos juntos; crear momentos tan cargados de recuerdos como de esperanzas; tener lo que la realidad te quita y revivir lo que te dio; crear universos en los que la palabra utopía haya sido ascendida en el diccionario a sinónimo de realidad; cambiar todo lo que odio en un instante, perpetuar todo lo que amo por la eternidad; inmortalizar la primavera de un mayo florido; tenerte otra vez entre mis brazos, desnuda, oyéndote suspirar al oído, mirándote esos ojos de avellana oscura…

Sin embargo, no está todo. Me falta la brisa de la Libertad y me faltan tus tiernas caricias y tu dulce olor a manzana madura y la piel no se me eriza con tu mordisco en la oreja y no sabe a nada esa piel que tenía gusto de miel… Esta debe ser la perversa trampa que algún iracundo Dios fabricó para obligarnos a abrir los ojos, huir de la perfección, y que paremos de soñar para buscar ese sabor a miel y olor a manzana, en las más tempranas mañanas cuando el sol se resiste a irrumpir en la noche y mi mente te busca a ti.

¿A dónde vas?

¿A dónde vas espíritu sin esperanza?
Escapas alto hacia borrascosas nubes
de tajantes dagas que te desangran
y persisten, todavía, a mis reveses inmunes.
Solo abulias hallo por esas latitudes;
soledades, sollozos, sangre, decrepitudes.
¿A dónde vas espíritu sin esperanza?

¿A dónde vas maltrecho corazón?
Tras ser mil veces traicionado,
destrozado otra vez por la decepción
de ser ya no más amado,
sigues, estúpido estandarte de la ilusión,
altivo como el gladiador recién liberado.
¿A dónde vas ridículo corazón?

Sigues caminando rumbo a la nada,
deshaciendo el camino al andar
por la triste travesía abandonada
que no desemboca en el olvidar;
rompe el alba de madrugada
y por un segundo te dejo de anhelar.
Tan solo instantes escapan de mi alma helada
anclada en el frío puerto del pesar.
¿A dónde vas, corazón, por la senda desdichada?

Sol y sangre

En el oeste el sol todavía se resistía con fuerza. Horas quedaban para que se fundiera en el púrpura crepuscular y dejara su espacio a la noche. No había más que dos solitarias nubes con forma de sábana ondeando al viento. Sin embargo no sopla si quiera el viento.
Hacia Sol, no solo se sentía el calor, se olían los rayos de luz, el aire sabía a sol, incluso se oía el sonido de los rayos solares estrellándose contra la gravilla del suelo.
No se sentía nada mas, unos pájaros volaban sin piar en círculos. Rompiendo con la perfecta armonía silenciosa del sol , el ruido sordo y seco de un pájaro chocando contra el ardiente suelo destroza la paz interior de las almas.
El olor de la sangre se funde con el del sol creando una fragancia dulce, extrañamente atractiva. Hilos granates descendían inexorables entre la gravilla dejando atrás el inerte cuerpo de un pájaro que en su día volaría alto.
Y ahí estoy yo, como una estatua griega, mirando el espectáculo macabro. Y ahí sigue el sol derritiéndome los sentimientos y la sangre turbándome el espíritu. Me inunda su olor, no puedo escapar, mis piernas no responden. Y cualquier paz, cualquier armonía, cualquier nirvana que tuviera desaparecen de un plumazo. ¿Hasta cuándo?

De adivinas y felicidad

Cuenta la leyenda que la bella Casandra adquirió el don de prever el futuro pactando con el joven Dios de la profecía, la luz, la verdad y demasiadas cosas más, Apolo, a cambio de mantener relaciones carnales con él. Esta, faltando a su promesa, se niega a darle tales relaciones y el joven Dios iracundo y vengativo, como todos los dioses, la castigó haciendo que todas sus acertadas profecías no fueran creídas por nadie. Como Fausto haría cientos de años después, se arrepentiría de hacer pactos con cualquier diablo o con cualquier Dios (a veces son tan parecidos…).

A veces pienso que Casandra es todas las mujeres del mundo, todas las que conocí, y todas las que me quedan por conocer. Son las grandes diosas de las profecías del amor y del placer. Y sus Apolos, orgullosos y miopes, falsas divinidades de la verdad y del futuro creen ser ellos los poseedores de dones proféticos y de pensamientos racionales. Al final, merecidamente, reciben el castigo merecido, son engañados y traicionados por la bella mortal y ellos no pudieron ni siquiera otearlo desde las altas cumbres del Olimpo.

Tengo la extraña sensación de que cuando estoy con una mujer estoy a la deriva del destino, de un sino controlado por ellas desde las profundidades de un ardiente y fogoso infierno. ¿O quizá eso ardiente y fogoso es el Edén, el jardín de las delicias? Sí, me encanta estar a su curioso vaivén, movido por los hilos de sus dulzuras. Pero tampoco puedo evitarlo; ellas ven más que yo, ven el futuro, miran directamente a los ojos al porvenir. A veces ese venidero presente es meloso y ardiente como se le prometió a Apolo, otras veces es tan duro y frío como la traición a un Dios.

Y sin embargo, en este mundo de pequeñas Casandras y falsos Apolos sigue acechando desde lo oscuro un poderoso Dionisos con su placer, con su voluntad, con sus impulsos impredecibles, con su presente de ruido y furia, de pasión no vaticinada.

En algún lugar nos siguen tentando las fauces de la felicidad enfrentada a la lógica predecible.

Haikus: Versos del UniVerso

La inmortal vida
sigue escribiendo versos
para los hombres.

El fulgor de astros
continúa alumbrando
bellos apuntes.

Este planeta
sigue legando letras
a los poetas.

El escritor
es dictado los versos
por raros cosmos.

Y hurtar estrofas
a lindas primaveras
sí es poesía.

Cualquier instante
la negra tinta troca
eternidad.

La noble pluma
sigue grabando versos
para el recuerdo.

La vida sigue,
aún sin escritores,
siendo poema.

Tu digno nombre,
Universo llamado
imperfectible es;
pues por versos compuesto
estás todo: ¡Oh UniVerso!