Una sonrisa en el abismo

Aquel día me rescató del abismo
un par de labios escarlata
que en mi noche escribieron una posdata
trazada con besos y erotismo.

Diez minutos resistí con estoicismo
aquella traviesa sonrisa de gata
y pronto supe que sería más que grata
cuando solo con un beso me arrancó el pesimismo.

Era una sonrisa pegada a una señorita
que el mundo quería revolucionar
y, sin intentarlo, revolucionar consiguió el mío

Y, al final, es una sonrisa infinita
la que al perdido sabe rescatar
y a toda la civilización salvar.

Fogoso hielo

Cuando se cierne la noche
sobre la antigua ciudad nevada,
sigo tu regreso esperando
junto a la lumbre y sin palabras,
en aquel sofá de pasiones.

Recuerdo cuando aquí morabas:
entrabas silente cual gato en libertad,
sin decir nada, tu y la gravedad,
por algún secreto pacto te desnudaba;
tu belleza frente a mi incredulidad.

Recuerdo cuando me amabas:
te abalanzabas sobre mí
con tu piel, fogoso hielo,
derritiéndote en mí lentamente.
Mientras tus besos reavivaban
las agonizantes brasas de mi ser,
los míos templaban tu fría tez.

Recuerdo también, cuando al final,
me besabas el hombro,
y un te amo escapaba de tu susurrar.