Una sonrisa en el abismo

Aquel día me rescató del abismo
un par de labios escarlata
que en mi noche escribieron una posdata
trazada con besos y erotismo.

Diez minutos resistí con estoicismo
aquella traviesa sonrisa de gata
y pronto supe que sería más que grata
cuando solo con un beso me arrancó el pesimismo.

Era una sonrisa pegada a una señorita
que el mundo quería revolucionar
y, sin intentarlo, revolucionar consiguió el mío

Y, al final, es una sonrisa infinita
la que al perdido sabe rescatar
y a toda la civilización salvar.

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Sueño

Ayer soñé. Sueño todos los días, pero ayer lo hice despierto otra vez. Como tantas y tantas veces, sueño tanto despierto como dormido.

Me siento en el silencio y lo perturban gritándome que haga algo. ¿Acaso hay un cometido mayor que el de soñar? Soñar es construir un mundo esntero cual Dios en el mismo momento que cierras los ojos; viajas más rápido que cualquier máquina  inventada por el hombre a lugares idílicos, algunos todavía sin inventar; vivir tantas vidas como mil gatos juntos; crear momentos tan cargados de recuerdos como de esperanzas; tener lo que la realidad te quita y revivir lo que te dio; crear universos en los que la palabra utopía haya sido ascendida en el diccionario a sinónimo de realidad; cambiar todo lo que odio en un instante, perpetuar todo lo que amo por la eternidad; inmortalizar la primavera de un mayo florido; tenerte otra vez entre mis brazos, desnuda, oyéndote suspirar al oído, mirándote esos ojos de avellana oscura…

Sin embargo, no está todo. Me falta la brisa de la Libertad y me faltan tus tiernas caricias y tu dulce olor a manzana madura y la piel no se me eriza con tu mordisco en la oreja y no sabe a nada esa piel que tenía gusto de miel… Esta debe ser la perversa trampa que algún iracundo Dios fabricó para obligarnos a abrir los ojos, huir de la perfección, y que paremos de soñar para buscar ese sabor a miel y olor a manzana, en las más tempranas mañanas cuando el sol se resiste a irrumpir en la noche y mi mente te busca a ti.

Si yo fuese playa

Playa que murmulla olas,
sol que luce cálido en la altura,
mujer preciosa de agua y sombras.

Si yo fuera el aire que hoy corre
tus curvas rozaría,
disfrutaría tus olores,
me contagiaría de alegría.

Si yo fuese el impetuoso mar
embestiría ola tras ola tu ser;
limpiaría las lagrimas de tu llorar,
colmaría tus rincones de placer.

Si yo fuese pulcra arena
para besar tus pies.
Si yo fuera alga cualquiera
y tus piernas lugar para detener.

Si yo fuese playa
para poderte tener…