Una sonrisa en el abismo

Aquel día me rescató del abismo
un par de labios escarlata
que en mi noche escribieron una posdata
trazada con besos y erotismo.

Diez minutos resistí con estoicismo
aquella traviesa sonrisa de gata
y pronto supe que sería más que grata
cuando solo con un beso me arrancó el pesimismo.

Era una sonrisa pegada a una señorita
que el mundo quería revolucionar
y, sin intentarlo, revolucionar consiguió el mío

Y, al final, es una sonrisa infinita
la que al perdido sabe rescatar
y a toda la civilización salvar.

Anuncios