Haiku: Olas

Rompen las olas
al borde del estío
cual perfecta aria.
                        javihida

Hay pocas cosas comparables al sonido de las olas rompiendo al final del verano, con fuerza e ímpetu, apurando la fuerza de los últimos rayos de sol. Se podría gastar la vida escuchando esa canción, ese rumor, esa entonación profunda. Recorrer la costa descubriendo sus notas, todas distintas según donde rompan: arena, acantilados, tus piernas…

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Sol y sangre

En el oeste el sol todavía se resistía con fuerza. Horas quedaban para que se fundiera en el púrpura crepuscular y dejara su espacio a la noche. No había más que dos solitarias nubes con forma de sábana ondeando al viento. Sin embargo no sopla si quiera el viento.
Hacia Sol, no solo se sentía el calor, se olían los rayos de luz, el aire sabía a sol, incluso se oía el sonido de los rayos solares estrellándose contra la gravilla del suelo.
No se sentía nada mas, unos pájaros volaban sin piar en círculos. Rompiendo con la perfecta armonía silenciosa del sol , el ruido sordo y seco de un pájaro chocando contra el ardiente suelo destroza la paz interior de las almas.
El olor de la sangre se funde con el del sol creando una fragancia dulce, extrañamente atractiva. Hilos granates descendían inexorables entre la gravilla dejando atrás el inerte cuerpo de un pájaro que en su día volaría alto.
Y ahí estoy yo, como una estatua griega, mirando el espectáculo macabro. Y ahí sigue el sol derritiéndome los sentimientos y la sangre turbándome el espíritu. Me inunda su olor, no puedo escapar, mis piernas no responden. Y cualquier paz, cualquier armonía, cualquier nirvana que tuviera desaparecen de un plumazo. ¿Hasta cuándo?

Lectura de verano

Uno de los placeres del verano es pasarse horas leyendo en algún lugar de buen clima y silencio. Aquí os presento algunos de los libros que leí este verano:

  • El rumor del oleaje (Mishima): Una bucólica historia de amor juvenil en la que en el más profundo Japón rural de valores tradicionales triunfa contra todo pronóstico un amor imposible. Un excelente libro para perderse en la belleza idílica de la naturaleza de una isla nipona y sus valores intrínsecos. Un reducto en el Japón moderno de paz, armonía, amor y osadía juvenil.
  • Kafka en la orilla (Haruki Murakami): Nos vamos otra vez a las islas niponas que tanto admiro. Sin embargo, en un Japón tan capitalino, tan “occidental” que no se distingue de los lugares de cualquier ciudad europea más allá de los nombres japoneses. Cautivador mundo solitario que siempre sabe crear Murakami, que “tensa metafísicamente el pensamiento”. Mezcla perfecta entre iconos de oriente y occidente, entre filosofías de aquí y de allá, entre realismo y misticismo mágico. Una novela que me encantó, que recomiendo. Una experiencia que va más allá de una historia (que también la tiene y muy apasionante). Innovadora técnica narrativa, ¿o quizás demasiado antigua? Recuerda al mejor Sófocles o Esquilo, al paladín y a la vez enemigo del pueblo Edipo.
  • Mal de amores (Ángeles Mastretta): Conmovedora novela de amor, una defensa y una crítica del amor pasional. Un amor de vida, primer y último amor. Sentimientos que sobreponen guerras, destinos, distancias y tiempos. Con una prosa visual y sonora, que parece retumbar en tus adentros con la sonoridad  de la voz hispanoamericana. Fue una novela que me emocionó como pocas, tocó mis más internos sentimientos, mi más profunda sensibilidad (sé que esto dependerá de cada lector).
  • Al romper el alba (E. Hemingway): Existe un mágico momento en el instante en el que te hayas en una biblioteca y un tomo resalta, solamente a tus ojos, entre una hilera de idénticos libros y cae en tus manos como una extraña premonición. No pude resistirme al título sugerente que aventuraba belleza. No defraudó, en la sabana africana, con vistas al Kilimanjaro Hemingway te invita a viajar al mundo africano de caza, individualismo, culturas ajenas, dioses paganos y belleza incomparable. Si me preguntan que sensación transmite sin duda alguna respondería Libertad. Eso sí, el que espere una historia que “enganche” no es este su libro.
  • Las flores del mal (Ch. Baudelaire): No puede faltar algo de poesía entre novela y novela. Y pocas cosas hay mejores que los versos de Baudelaire. Sus versos no necesitan mayor presentación que ellos mismos. Ahí va:

    Hombre libre, ¡tú siempre preferirás la mar!
    Es tu espejo la mar; y contemplas tu alma
    en el vaivén sin fin de su lámina inmensa,
    y tu espíritu no es menos amargo abismo.
    (sigue)

  • Así habló Zaratustra (F. Nietzsche): Densísima novela filosófica de difícil lectura. Controvertida y contra corriente. A discursos (capítulos) me apasionaba y a otros me repugnaba. Dura crítica a los valores tradicionales (a los que valdrá la pena dedicar un post ¿no?) y a la religión y una defensa de la naturaleza y el vitalismo. Libro para iniciados.

Esto es mi bagaje literario del verano. Espero compartir vuestras opiniones sobre estos libros ya que la lectura al final es un trabajo de uno pero una experiencia para compartir. Se aceptan sugerencias de lecturas.

Si yo fuese playa

Playa que murmulla olas,
sol que luce cálido en la altura,
mujer preciosa de agua y sombras.

Si yo fuera el aire que hoy corre
tus curvas rozaría,
disfrutaría tus olores,
me contagiaría de alegría.

Si yo fuese el impetuoso mar
embestiría ola tras ola tu ser;
limpiaría las lagrimas de tu llorar,
colmaría tus rincones de placer.

Si yo fuese pulcra arena
para besar tus pies.
Si yo fuera alga cualquiera
y tus piernas lugar para detener.

Si yo fuese playa
para poderte tener…

De que hablo cuando hablo de vacaciones

Para mi las vacaciones no son un lugar, ni siquiera un tiempo, ni tampoco un clima. Las vacaciones, las verdaderas, las auténticas, son solamente un estado mental. Un lugar en el que el alma está en armonía con ella misma, en relajación absoluta, más allá de preocupaciones, amores y desamores, llantos y alegrías, esfuerzos y perezas.

Hay pocas condiciones, la más importante: la soledad. Una silla al sol, un libro abierto, la melodía desafinada de los pájaros fundiéndose con el rumor del oleaje contra la arena, nadie mas yo y mis pensamientos. Mis vacaciones son un paréntesis en blanco entre miles de letras escritas.

La otra condición indispensable es el tiempo; tiempo para hacer todas las cosas del mundo. Y sin embargo, no hacer nada. Ese es el mayor placer, poder hacerlo todo y no hacerlo. Como si venciera al destino, a la rutina. Las vacaciones son no hacer nada

El sol que se quema

Luz imperial que coronas el mundo con tu perfección, con tu belleza; esfera perfecta, símbolo de tantas cosas, Dios de tantos y tantos hombres, burlador que te escondes en invierno y reapareces siempre furioso tras una hoguera lunar.

Descansa tranquilo en el cielo, solo, luz de ti mismo, calor de tu calor. Observa el mundo desde tus aposentos infernales como el diablo observa superior a sus huéspedes del inframundo. Dios de todo, prisionero de tu propio infierno, no te envidio. Te envidié, pero que equivocado estaba… No quiero nada de lo que tengas, desprecio tu majestuosidad, tu divinidad, tu belleza perfecta, repudio tu poder, aborrezco tu superioridad, grande es el desdén con que te miro. No. No te admiro. No. No te deseo.

Yo seguiré en la tierra, mortal, imperfecto, sin más poder que sobre mí mismo, pero feliz. Uno comprende un día que la felicidad, la emoción de las cosas, se diluye en las alturas, se esfuma entre la niebla cuando uno comienza a subir el camino de la gloria. La vida se vive abajo, con los demás, el esplendor solo luce a la misma altura, la luz solo alumbra si la miras a los ojos, el calor solo calienta si se está con otro.

Desprecio tu soledad infinita, tu sabiduría tediosa, tu casa infernal en la gloria. Esplendor que te deslumbras; sol que te quemas.